Si he de perecer al abrigo de este manantial,
abrupto, dominante, de fluido reino.
Que no me vuelva loza de mármol,
su frío carácter de primavera postergada,
que deje que el despertar del sol me sonría,
que la luna en su guardia me bese
mientras sus aguas me acarician el descanso...

martes, 31 de octubre de 2017

Ven niña

Es muy cierto que no somos pasado, por muy presente que hayamos sido en ese momento que lo hemos vivido. Como bien dice mi amiga Isabel, Brushi…, “El pasado no existe, el paso hacia atrás, no tiene suelo donde posar el pié, solo existe el instante, el suelo que pisamos en el ahora, con vistas hacia el futuro con nombre Esperanza, pues no sabemos tampoco si existirá”…, no obstante, el ser que somos se ha ido configurando hasta llegar al presente con cada uno de esos instantes que hemos vivido, donde cada persona que ha pasado por ellos, con más o menos permanencia, ha tallado en la figura de nuestro desarrollo personal, su esencia, aquella que de alguna manera estaba llamada a encajar en ese puzle donde a través de los años, va creando, madurando al ser humano desde que nace,  hasta lograr una identidad propia.
En mi caso, en esa mirada hacia atrás, encuentro tantas personas importantes, muchas de ellas ya no pisan este suelo terrenal, y siguen estando en mí de alguna manera, su legado, aquello que fueron en pensamiento y valores, algo que la muerte no puede arrebatarnos. Uno de ellos, es mi padrino Antonio, a él le debo la cuarta parte, del nombre que uso para identificarme.
Mi padrino era un hombre parco en palabras, muy expresivo en su comunicación corporal. Una característica muy suya era un gesto en la boca ofreciendo el regalo de una sonrisa cuando fijaba en ti sus ojos, y al hacerlo cerraba el ojo izquierdo. Con su mirada azul de cielo transparente, con la cual, al mirarte, pareciera que te viera por dentro, que indagara sin dificultad en tu pensamiento. Aún le puedo ver sentado por horas, en su tronco de olivo, con su fiel compañero “la radio”, mirando su particular horizonte, aquel que nos ofrece nuestra común tierra, en las faldas del Cerro Macho. Desde allí se pueden ver parte de las Sierras Subbéticas, de Cabra y Priego de Córdoba. Más al sur, Lucena, la campiña sur con Monturque, Aguilar de la Frontera, y más cercano a la vista, el término de Cabra que linda con el de Montilla, y Castro del Río, en Río Frío alto. Un paisaje rico en imágenes que maravilla a todo aquel que tiene la suerte de encontrarse con él, y él le rindió honores desde su viejo tronco hasta el último momento que la vida se lo permitió. Para mi ver ese tronco allí, después su muerte, era como ver su monumento, de ahí, que años después, al volver y encontrarme que había desaparecido, en mi interior sentí, como si volviera a enterrarlo otra vez…  



Feliz tarde de martes a todos…. “Gracias por estar ahí”… Besos


Ven niña

_Ven niña_, Decía el río,
_Niña de dorado trigo
desconocida de tu mar_
Galopaban sus aguas
leguas de verdes soles,
aprendidos de un mirar
hambriento de paisajes,
despertando primaveras.  

La niña fue a su orilla.
Orilla de álgidos juncos.
_Soy el río que canta_, Dijo.
Mañana de amaneceres
despertado en rebaños,
ovejas tejidas al valle.
Rasante conjuga vuelo,
niña, mariposa en flor.

Cantó bajito sueños, el río,
serenos valses sus aguas,
_Baila niña sobre la roca,
ebrios de lodo tus pies_,
Cascadas bravas bajan
como un viento furioso.  
_Piedrecita blanca serás,
en mi cauce_, le cantaba.

_Río que baja del monte
no nos robes su alegría_,
Hojas lágrima resbalando,
desolada llora la arboleda.
Pájaros nacidos sin nido,
hacen piruetas en el aire.
Romance, hechicero canto,
hace que la niña resbale. 

_Que va la niña a su mar_
Altanero cantaba el río.
Aguas de sal, van y vienen,
moviendo su rubio cabello,
en el azul reino de Neptuno.
Dormirá la niña amapola,
sueños de cebada y trigo 
en su marino cielo de coral. 

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